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A fines de la década de 1940, Havanas Panart Records lanzó un elaborado conjunto de tres discos de 78 RPM bajo el título Toques de Santo . Las grabaciones cuentan con la participación del grupo vocal Coro Yoruba de Alfredo Zayas, y Trinidad Torregrosa, Jesús Pérez y Virgilio Ramírez, miembros de la hermandad de músicos que tocaban los tambores sagrados del murciélago bicéfalo.

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Celia Cruz

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Las vocalistas principales del disco son Mercedes Valdés (más conocida como Merceditas Valdés) y Celia Cruz, dos artistas, como se explica en las notas, cuya fama como cantantes de toques [rituales religiosos] es conocida en Cuba, en Haití, en Jamaica y más allá, dondequiera que haya un grupo afrocriollo dedicado a las ceremonias ancestrales.

Estas grabaciones de llamados a los santos en el idioma afrocubano lucum son las primeras grabaciones de estudio conocidas de Celia Cruz, la reina de la salsa de renombre mundial y una de las artistas femeninas más veneradas de la música latina de todos los tiempos. Cruz falleció hace 17 años el jueves (16 de julio) en su casa de Nueva Jersey.

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Estas grabaciones marcaron un hito tanto para la carrera de Celia Cruz como para la música cubana, dice la escritora e investigadora musical cubana Rosa Marquetti, curadora de Gladys Palmera Collection. La colección se encuentra cerca de Madrid y posee una rara copia del conjunto, grabada en 1947, varios años antes de que Cruz se uniera a La Sonora Matancera. Las actuaciones de Cruz de los saludos a los orishas (deidades afrocubanas) Chang y Babal Ay se lanzaron por primera vez como un sencillo.

Son las primeras grabaciones de Celia Cruz, y además, que sepamos, esta fue la primera vez que se grabó música litúrgica afrocubana, agrega Marquetti. Estos tambores eran para ceremonias religiosas recordemos que esto es justo sobre la segunda generación después de la esclavitud.

La descripción de Cruz en las notas del forro del set como un cantante de gran demanda en las ceremonias conocidas como bembs podría haber sido exagerada por el autor para lograr un efecto exótico. Pero en esta etapa temprana de su carrera, Cruz, que ya era una voz familiar en la radio cubana, era sin duda conocida como intérprete de la música popular afrocubana.

En 1946, apareció en Sinfona en Blanco y Negro, un espectáculo de temática afrocubana que Rodney, quien se convertiría en el célebre coreógrafo de los espectáculos innovadores de Tropicanas, presentó en un teatro de La Habana. Tal como lo documenta el musicólogo cubano Helio Orovio, a fines de la década del 40, Cruz apareció en un innovador programa de música afrocubana en Radio Cadena Suaritos, que presentaba al grupo folclórico liderado por Obdulio Morales.

Cuando escuché esos cantos y tambores por primera vez cuando era niña, corrí a esconderme, le había dicho Cruz a su biógrafa Ana Cristina Reymundo, recordando su introducción a la música ritual afrocubana cuando era niña. Sin embargo, para mí, esa música pronto se convirtió en mucho más que una religión, se convirtió en una hermosa forma de expresar mis raíces africanas. Aprendí las letras de las canciones de Lucum, pero nunca supe lo que significaban, aunque aprendí a pronunciarlas muy bien. Años más tarde me di cuenta de que esas veladas eran una importante fuente de inspiración para mi música.

Los tres 78 del conjunto Toques de Santo también incluyen grabaciones de Valdés cantando Ochn y Yemay, Obatal y Eleggu.

No le quitamos importancia a nada ni permitimos alteraciones [a la música] de ningún tipo, dijo Valdés en una entrevista citada por Marquetti en su blog, Desmemoriados, hablando de la hora de la radio afrocubana Suaritos. Lo mismo ocurre con las grabaciones pioneras, que presentan los cantos sagrados en su totalidad, y para las cuales el estudio Panart tuvo que ser santificado antes de que los músicos pudieran actuar.

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A finales de la década del 30, el antropólogo y etnomusicólogo Fernando Ortiz había comenzado a develar el misterio de los ritmos de los santos afrocubanos en charlas que impartía en la Universidad de La Habana y otros escenarios que incluían demostraciones de murciélagos en vivo. Pero en los años 40, la mayoría de los jugadores encargados de los ritos sagrados se habrían negado a tocarlos para el público en general debido a su carácter sagrado, y también posiblemente por temor a las repercusiones que podría incitar la exposición de las prácticas de la cultura afrocubana.

Según Merceditas Valdés, los enemigos del folklore presionaron a Radio Suaritos para que cancelara su programa después de un año y medio al aire, a pesar de su gran popularidad.

En esa época entre los afrocubanos que habían logrado tener un lugar en la sociedad había mucho silencio sobre la religión porque había mucho prejuicio, dice Marquetti.

Es posible que Ramn Sabat, el fundador de Panart, la primera compañía discográfica nacional a gran escala de Cuba, haya abordado la comercialización del proyecto histórico con cierta inquietud. Ni los catálogos de Panart ni los anuncios de la época mencionan los discos de Toques de Santo .

Creo que desde un punto de vista comercial, estos discos tenían un atractivo muy limitado, explica Marquetti.

Pero la previsión de Panart al hacer las grabaciones pioneras más tarde daría sus frutos en elogios de la crítica y beneficios comerciales. En 1957, el sello editó los temas juntos en un LP, titulado Santero , que incluía los editados anteriormente en 78, así como nuevas grabaciones con la voz de Caridad Suárez.

En ese momento, el sonido de la percusión afrocubana había penetrado profundamente en la música popular cubana y otras músicas latinas y el jazz. Las discografías de Celia Cruz que enumeran sus álbumes de la década de 1950 en Seeco, sus famosas grabaciones de Fania y los éxitos mundiales posteriores no mencionan la existencia de Chang y Babal Ay.

La propia Cruz no hablaba de ellos cuando se refería a sus primeros años. Puede ser que no se haya dado cuenta de lo importante que era, dice Marquetti. Ninguno de ellos sabía que estaban haciendo algo tan trascendente para la cultura musical cubana.

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